Tras una meteórica carrera en taxi (el tío parecía AyrtonSenna) llegamos a Rambuti, donde estaba nuestro hotel. ¿Qué puedo decir de Rambuti? Me recordaba a la zona de las embajadas europeas en 55 días en Peking, sólo que en lugar de Charlton Heston y Ava Gardner, lo que había era mucho hippie trasnochado, europeos decadentes y blancos en general ávidos de satisfacer sus apetitos, sean cuales fuesen. Estaba claro que todo se vendía y compraba no sin antes realizar un tenaz regateo.
Al día siguiente y tras intentar en vano ajustar mi reloj biológico, tanto en horas de sueño como en otros aspectos más mundanos, marché junto a Arantza y María, una amiga suya de Madrid, a conocer la zona de Kroket. Pese a encontrarse en el mismo Bangkok, esta zona era como un pueblo perdido en medio de la gran urbe. Senderos sinuosos, calles laberínticas, perros famélicos y posiblemente rabiosos, junto a docenas de budas dorados formaban un ambiente de lo más pintoresco. Pese al hedor de los olores autóctonos, pudimos disfrutar de un bocadillo de un lomo, que me había acompañado durante mi viaje. A mí me supo de maravilla, pero al ver las caras de mis compañeras al probarlo, me hice una idea de lo mucho que echaría de menos la comida española.
Nos despedimos de María, que por cierto era un cielo. Ella se marchaba al norte del país, supongo que cansada de la gran urbe tailandesa. Poco tardamos en ser otra vez tres, ya que se unió a nosotros Daniel, un sardo muy simpático, con el que compartimos cena y experiencias de la vida. Fue un momento muy agradable, siendo él una persona de cuya compañía disfrute enormemente. Con él dimos un paseo recorriendo los principales ligares, donde el año pasado se desarrolló la revolución de los camisas rojas. Todo ello bajo la omnipresente mirada de la imagen del rey de Tailandia, al que los tailandeses sumidos en su miseria reverencian.
Lo cierto es que en Europa pasa algo parecido. Ellos tienen a su rey y nosotros a personajes tan grotescos como Belén Esteban o Cristiano Ronaldo. Unos golpean un balón y otros la dignidad del pueblo, y el resultado es el mismo, riquezas para sus bolsillos.
Hoy a la mañana nos hemos despedido de Daniel, un italiano con billete para Europa con el corazón en Asia. De él me ha gustado su paciencia, sinceridad y su natural filosofía de la vida, cualidades sin las cuales parece ser imposible afrontar esta aventura. Así mismo me he despedido de Bangkok, ciudad que ha pasado sin pena ni gloria por mi vida, y a la cual volveré esperando poder conocerla mejor. Nuestro destino PhomPehn, capital de Camboya
No hay comentarios:
Publicar un comentario