Camino a Battamnpong empecé a comprender la relatividad del tiempo en Asia. Me explico. Nos levantamos a las 6:30 para coger el autobús de las 7:30. Al final el autobús salió a las 8:30. El viaje duraba 5 horas, pese a lo cual invertimos 6. Supongo que la paciencia va a ser una de las cualidades que voy a descubrir en mí mismo. Por supuesto el autobús no era el mismo que en la foto del billete. Esta foto debió sacarse en Europa, y tal vehículo jamás marchó al lejano oriente. Me extranó no encontrarme en él a con Paco Martínez Soria. As;i mismo la companía de autobuses decidió recompensar nuestra paciencia, mediante un horrible karaoke que duró las seis horas del trayecto. Al menos ningún viajero aceptó la invitación al canto.
Llegamos a Battampong con el cuerpo entumecido por la estrechez de los asientos y la incomodidad de la carretera, aquella que se nos había definido como autopista.
En este punto me detengo para comentar algo que me ha llamado la atención. En ciertos aspectos este país es el paraíso del conductor. Cinco en una moto, coches sin matrículas, policias perezosos…
Hoy he visto a cuatro juntos en la carretera. Cada uno tenía un uniforme de un color distinto. Parecían más una cuadrilla que se había coordinado mal para carnavales, que representantes de la ley. Incluso alguno de los uniformes parecía sacado de la casa de las fiestas. Eso sí, no curraba ni Dios. Sólamente se movían para taparse del sol.
Nos alojamos en el que posiblemente sea el mejor hotel de la ciudad, al precio de... 4 euros!
Debia haber en la ciudad alguna convencion de mosquitos, ya que eran los huespedes mas numerosos y ruidosos del hotel. Por supuesto empezamos a incluir pastillas contra la malaria en nuestro menu.
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Debia haber en la ciudad alguna convencion de mosquitos, ya que eran los huespedes mas numerosos y ruidosos del hotel. Por supuesto empezamos a incluir pastillas contra la malaria en nuestro menu.
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