martes, 1 de febrero de 2011

Ko Lanta, un pequeno y acogedor paraiso

El sur de Tailandia es un sitio maravilloso, lleno de preciosas islas sobre un mar color esmeralda. Si preguntas a 100 viajeros distintos cual es su llugar preferido, lo mas probable es que obtengas 100 respuestas diferentes, todas ellas acertadas, contrastadas y refutadas. Mi lugar preferido sin duda es Ko Lanta. Es una situada isla situada en frente de Krabi, en el sudeste de la peninsula, en medio de las aguas del Mar de Andamara.



Las playas son preciosa, en ellas se encuentra la arena mas blanca que haya visto jamas. Frente a la playa te encuentras con bosques selvaticos de exuberante vegetacion tropical, que ofrecen un gran contraste con la blancura de la arena, y el azul claro de sus aguas. Desde la playa puedes contemplar la linea que marcan los arrecifes de coral en el agua, un gran contraste entre las aguas azules oscuras y bravas del mar, frente a las placidas y cristalinas aguas cercanas a la costa. Es en estas aguas precisamente donde se encuentran los mayores tesoros. Pequenos peces de colores, peces tigre, peces payasos... en enormes bancos, que sin ningun tipo de temor te rodean. Fondos arenosos, interrumpidos solamente por pequenos fragmentos de coral, que el agua se encarga de trasaladar suavemente a la orilla.

 Asi que en este paisaje idilico no era dificil el disfrutar de los que sin duda fueron los mejores y mas relajados dias de mi estancia en Asia. Alli quede con mi antiguo companero de viaje, Paulo, un cocinero chileno que siempre estaba de buen humor.

El se encontraba esos dias con Yolanda y el Galli, unos gaditanos muy salados, gente buena, tranquila y divertida.

Con ellos recorri el parque natural del sur de la isla, atravesando estrechos senderos en la selva, continuamente interrumpidos por la voraz accion de las termitas que de vez en cuando derribaban arboles centenarios, aplastando todo lo que se encontrase a su paso. Asi mismo tenias que tener cuidado con los monos, los mas temidos moradores de esas selvas, que gastaban un caracter digno del mas chusquero de los sargentos.


Con ellos visite las 4 islas, pequenas montanas rocosas con gran vegetacion que sobresalian del mar como si fueran los restod de las fauces de un titanico y primitivo animal.


Cada una de ellas tenia un pequeno y singular tesoro. En una de ellas hicimos snorkle, buceando entre peces de colores. Para darle mas efecto a este hecho, los nativos que nos habian llevado en su bote, arrojaban trozos de fruta al mar, de tal manera que te veias rodeado por un pequeno arco iris de minusculos y hambrientos seres.

La segunda isla albergaba una de esas maravillas que solo la naturaleza te puede dar. Al llegar vimos una pequena cueva en la roca, por la que habia que pasar a nado. Cruzabas un tunel de unos 100 metros, plagado de estalagmitas, para desembocar en una preciosa palya. Esta playa se encontraba rodeada en su totalidad por un gran acantilado, que convertia al tunel en la unica via de entrada y salida. Segun nos relato el tailandes que dirigia el bote, durante el ultimo tsunami, un grupo de 45 turistas se vio atrapado alli. El nivel del agua empezo a subir rapidamente, y los turistas tuvieron que agarrarse a lo que pudieron para no ahogarse. Pasaron dos dias hasta que fueron a rescatarles, muriendo por diferentes causas 4 de ellos. Hasta en los pequenos paraisos puede haber un rastro de dolor.

En la siguiente isla hicimos snorkle, frente a una pared vertical poblada de grandes murcielagos, los cuales de vez en cuando nos mostraban su aprecio regandonos con guano.
Aqui tuve un pequeno accidente, ya que al bucear por un tunel entre el arrecife, me acerque demasiado a las paredes y me hice varios cortes en la cabeza, piernas y brazos, ademas de clavarme un trozo de coral en el talon. Y es que el coral, corta como si fueran cicuchillas de afeitar.

En la ultima isla habia una playa preciosa de la aque poder disfrutar, aunque magullado y hambriento como estaba, los mejores recuerdos que tengo son de la comida.

Para ahorrarme unos baths, me traslade al bungalow donde estaban mis amigos, al sur de la isla. De las 4 noches que pase en Ko Lanta, 2 de ellas las dormi en el suelo del bungalow, no era muy comodo pero yo estaba alli muy a gusto. No saliamos por la noche de fiesta ni nada parecido, de hecho se puede decir que todavia no he salido.

Al atardecer bajabamos al chiringuito de Momo a tomar una cerveza y disfrutar del espectaculo de fuego.
Momo es uno de esos personajes, dignos de un relato propio. Con el pelo largo y rizado, luciendo una rala perilla, tostado por el sol y siempre con el pecho descubierto, te lo imaginabas luciendo un sable, o un AK- 47. En su mano derecha solo tenia un dedo, el pulgar, y no desaprovechaba la oportunidad de estrechar esa mano de todo aquel que llegara al local, esperando ver su reaccion.


Por la noche se reunian en la playa junto a la hoguera, y en medio de musica reggae y techno, numerosos artistas deseando demostrar sus habilidades. Que es lo que hacian? Arriesgados malabares con fuego. Afortunadamente, lo hacian a suficiente distancia como para ser solo peligrosos para si mismos.




Asi pase 4 dias en Ko Lanta. Fue triste despedirme de los gaditanos, ya que eran muy buena gente y tuve con ellos muy buenos ratos. Junto con Paulo me dirigi a la otra costa de Tailandia, direccion a Ko Tao, de la que tantas maravillas habia oido hablar. Para ello tendriamos que volver a Krabi en furgoneta y ferry, coger un autobus a Surat Thani y de alli un barco a Ko Tao, en el Golfo de Tailandia.


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